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Violencia contra la mujer: un problema que atraviesa todos los ámbitos

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Por: Yuri Guzmán

El 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no es solo una fecha simbólica; es un recordatorio de que la violencia de género sigue siendo una realidad cotidiana en hogares, centros de trabajo y relaciones de pareja. La conmemoración tiene su origen en el asesinato de las hermanas Mirabal en 1960, y desde 1999 la ONU la reconoce oficialmente para visibilizar y combatir este fenómeno.

Y la tenemos que identificar adecuadamente y en todas sus circunstancias, por ejemplo, la violencia laboral: discriminación y acoso invisibles.

En el ámbito laboral, las mujeres enfrentan desigualdades que van más allá del salario. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que una de cada tres mujeres ha sufrido acoso laboral o sexual. En México, la brecha salarial es del 14%, lo que significa que las mujeres ganan menos que los hombres por realizar las mismas funciones. Además, la llamada “doble jornada” —trabajo remunerado más tareas domésticas— perpetúa la sobrecarga y limita su desarrollo profesional.

Luego está la violencia familiar: el hogar como espacio de riesgo.

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2024 revela que 43.9% de las mujeres ha sufrido violencia emocional dentro de su familia, y un 23% violencia económica. Estos datos muestran que el hogar, lejos de ser un refugio seguro, puede convertirse en un espacio de control y manipulación que afecta la autonomía y la salud emocional de las mujeres.

Y no podemos olvidar la que podríamos considerar como la expresión más extrema: la violencia de pareja.

Esta es la más visible y letal. Una de cada tres mujeres en México ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja. El feminicidio, su manifestación más extrema, registró más de 800 casos en 2024, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Estas cifras, además, suelen estar subestimadas por problemas de denuncia y clasificación.

De acuerdo con los expertos, la violencia contra la mujer es multidimensional y pasa por los ámbitos:

  • Cultural, porque persisten estereotipos que normalizan la subordinación femenina.
  • Económica, porque la dependencia financiera limita la capacidad de denunciar.
  • Institucional, porque las leyes existen, pero la respuesta de las autoridades es insuficiente.
  • Psicológica, porque las secuelas emocionales perpetúan el miedo y la inseguridad.

El reto, sin duda, sigue siendo la prevención. La ONU lanzó desde 2008 la Campaña Naranja, que busca movilizar a gobiernos y sociedad civil. Sin embargo, los avances son lentos. La prevención requiere educación con perspectiva de género desde la infancia, sanciones claras en el ámbito laboral y mecanismos de protección accesibles para las víctimas.

Debemos entender que la violencia contra la mujer no es un asunto privado, sino un problema público que afecta la estabilidad social y democrática. Las cifras muestran que ninguna esfera está libre: ni el trabajo, ni la familia, ni la pareja. Reconocer todas sus aristas es el primer paso para construir soluciones integrales.

El 25 de noviembre, más que una conmemoración, debe ser un llamado urgente a transformar estructuras culturales, económicas e institucionales. Solo así se garantizará que las mujeres vivan libres de miedo y con pleno ejercicio de sus derechos.

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