El gobierno de Venezuela intensificó su presencia militar en las fronteras con Colombia y Brasil en respuesta al despliegue de buques de guerra estadounidenses en el Caribe y al sobrevuelo de bombarderos B-52 frente a sus costas. La medida se da en medio de crecientes tensiones diplomáticas entre Caracas y Washington, que incluyen acusaciones de vínculos con el narcotráfico y reportes sobre presuntas operaciones encubiertas de la CIA.
Según el general Michell Valladares, comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral de Táchira, se han movilizado 17 mil efectivos en puntos estratégicos, incluyendo el Puente Internacional Simón Bolívar, principal conexión con Colombia. En el estado Amazonas, las fuerzas armadas se desplegaron para proteger empresas clave y servicios básicos en la frontera con Brasil.
Desde agosto, Estados Unidos mantiene un operativo con siete buques de guerra en aguas cercanas a Venezuela. Además, el gobierno estadounidense ha autorizado acciones de inteligencia contra el país sudamericano, lo que ha sido interpretado por Caracas como una amenaza directa a su soberanía.
En paralelo, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez negó rotundamente que existan negociaciones con Estados Unidos para la salida del presidente Nicolás Maduro. La declaración responde a un reporte del diario Miami Herald que señala supuestas gestiones de Rodríguez y su hermano Jorge para permanecer en el poder a cambio de la renuncia de Maduro. “Otro medio que se suma al basural de la guerra psicológica contra el pueblo venezolano”, escribió Rodríguez en Telegram, calificando la información como falsa.
La tensión se agravó tras un ataque estadounidense a una embarcación en el Caribe, en el que murió Chad Joseph, pescador de Trinidad y Tobago. Familiares del joven exigieron explicaciones al presidente Donald Trump, cuestionando la falta de pruebas sobre la presencia de narcóticos en la lancha bombardeada.
El ejército estadounidense confirmó un nuevo ataque similar, en el que por primera vez hubo sobrevivientes. Imágenes difundidas por la Casa Blanca muestran embarcaciones destruidas bajo el argumento de que transportaban drogas hacia territorio estadounidense.
La situación en la región continúa siendo monitoreada por organismos internacionales, mientras se intensifican los llamados a evitar una escalada militar entre ambas naciones.





























