Durante la temporada de huracanes, además de los daños materiales, se incrementa el riesgo de enfermedades infecciosas provocadas por la contaminación del agua, el deterioro del saneamiento y la proliferación de vectores como los mosquitos. Autoridades sanitarias advierten que la prevención es clave para evitar brotes en zonas afectadas por inundaciones.
Según la Secretaría de Salud (Ssa) y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), las enfermedades más comunes en contextos de desastre hidrometeorológico incluyen:
- Enfermedades diarreicas agudas: Provocadas por el consumo de agua o alimentos contaminados.
- Infecciones respiratorias agudas: Frecuentes en albergues temporales debido al hacinamiento.
- Leptospirosis: Infección grave transmitida por contacto con agua contaminada con orina de roedores.
- Afecciones cutáneas: Desde dermatitis hasta infecciones bacterianas por exposición prolongada al agua estancada.
- Dengue: Transmitido por mosquitos que se reproducen en criaderos formados tras las lluvias.
Las condiciones que favorecen estos padecimientos incluyen la mezcla de aguas residuales con fuentes potables, fallas en el drenaje, cercanía entre animales y personas, y heridas abiertas expuestas a ambientes insalubres. Bacterias como Vibrio vulnificus y Aeromonas pueden ingresar al cuerpo a través de lesiones, agravando el riesgo.
Medidas preventivas recomendadas por Ssa y la Sociedad Americana de Microbiología (ASM):
- Almacenar agua embotellada o hervirla antes de consumirla.
- Evitar el contacto con agua de inundación, especialmente si se tienen heridas.
- Usar calzado cerrado y guantes al manipular escombros.
- Mantener una higiene rigurosa de manos, incluso sin acceso regular a agua potable.
- Eliminar criaderos de mosquitos retirando recipientes con agua estancada.
- Desechar alimentos que hayan perdido refrigeración para evitar intoxicaciones.
La preparación previa y la vigilancia posterior al impacto de un huracán son fundamentales para proteger la salud pública. Vacunas como la del tétanos, junto con prácticas básicas de higiene, pueden marcar la diferencia en contextos de emergencia.





























