Por: Yuri Guzmán
Cada 19 de noviembre se conmemora el Día Internacional del Hombre, una fecha que, a diferencia del 8 de marzo, pasa casi inadvertida en la agenda pública, mediática y educativa. Aunque su propósito es visibilizar los retos que enfrentan los varones en materia de salud, educación, relaciones familiares y bienestar emocional, en México la efeméride carece de reconocimiento institucional y social. Esta omisión no solo refleja una deuda simbólica, sino también una falta de políticas públicas que atiendan las problemáticas específicas de los hombres en el país.
Según datos del INEGI, en 2025 México cuenta con aproximadamente 65.2 millones de hombres, lo que representa el 49% de la población nacional. Sin embargo, esta mitad de la ciudadanía enfrenta desafíos estructurales que rara vez se abordan desde una perspectiva de género. Por ejemplo, los hombres tienen una esperanza de vida de 72.2 años, cinco años menos que las mujeres (77.4), y son mayoría en muertes por causas violentas: el 88% de los homicidios en 2023 fueron cometidos contra varones.
En el ámbito de la salud mental, el panorama es igualmente preocupante. El suicidio es la tercera causa de muerte entre hombres de 15 a 29 años, y representan más del 80% de los casos registrados anualmente. A pesar de ello, los varones acuden menos a servicios psicológicos y médicos, en parte por estigmas sociales que asocian la vulnerabilidad con debilidad. La masculinidad tradicional, basada en el autocontrol, la fuerza y la autosuficiencia, sigue siendo un obstáculo para el autocuidado y la expresión emocional.
En el terreno educativo, los hombres también muestran rezagos. De acuerdo con la SEP, la tasa de abandono escolar en nivel medio superior es mayor entre varones (14.2%) que entre mujeres (11.6%), y su representación en carreras universitarias ha disminuido en áreas clave como salud y educación. En contraste, los hombres predominan en sectores de alta peligrosidad laboral, como la construcción, el transporte y la minería, donde enfrentan mayores riesgos físicos y menor estabilidad.
¿Tiene reconocimiento ser hombre en México? La respuesta es ambigua. Si bien los varones siguen ocupando la mayoría de los espacios de poder político y económico, esto no se traduce en bienestar generalizado. La figura masculina sigue siendo evaluada por su capacidad de proveer, competir y resistir, sin que exista un marco institucional que promueva nuevas masculinidades, paternidades activas o equidad en el cuidado.
El Día Internacional del Hombre no busca contraponerse al Día de la Mujer ni minimizar las desigualdades históricas que enfrentan las mujeres. Su objetivo es complementar la agenda de género, reconociendo que los hombres también son víctimas de mandatos sociales rígidos, violencia estructural y abandono institucional. La equidad no se logra ignorando las diferencias, sino abordándolas con políticas específicas, datos desagregados y voluntad política.
En un país donde los hombres mueren más jóvenes, se suicidan más, abandonan más la escuela y son mayoría en las cárceles, no hablar de ellos también es una forma de violencia. Reconocer sus desafíos no es un privilegio, es una necesidad para construir una sociedad más justa, empática y corresponsable.































