Por: Felipe Guerrero Bojórquez
En múltiples ocasiones se ha escrito en este espacio sobre la política de seguridad del régimen de Claudia Sheinbaum, en el sentido de que su estrategia está encaminada a hacer creer a los Estados Unidos que realmente se combate a los grupos criminales.
Lo hemos dicho: Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Ciudadana, se ha enfocado en presentar números y estadísticas que muy poco tienen que ver con la realidad dramática que padecen los ciudadanos. ¿Hasta dónde ha influido en la disminución de la violencia la detención de 38 mil delincuentes (que nadie sabe en qué cárceles están), el decomiso de droga y armas y el «desmantelamiento» de narco laboratorios? En nada; en nada ha influido. No se combate lo que la gente exige, se combate a medias lo que Estados Unidos quiere y a quién, por lo mismo, aún el régimen de Sheinbaum no logra convencer.
Lo hemos reiterado: no se ataca la extorsión, las ejecuciones, el despojo de autos, los asaltos y bloqueos en carreteras, el secuestro y los «levantones», la quema de negocios y la inseguridad en general. Lo anterior significa que la estructura funcional de los carteles sigue intacta y, por lo tanto, protegida.
¿Y protegida por quién? Por los narco políticos, no hay otra explicación. Lo anterior significa que si las instituciones del Estado Mexicano no encaminan a fondo sus políticas públicas, en materia de seguridad, para combatir a quienes están generando el problema real, entonces la vida de los ciudadanos, su destino, seguirá en manos de quienes se apoderaron de las estructuras de poder público, no para servir, sino para delinquir asociados con los grupos de facto.
¿O esos políticos no llegaron al poder con apoyo de los grupos criminales? Todo mundo sabe que sí, y todo mundo sabe que los ahora narco políticos compartieron el poder público, concesionando puestos clave a la delincuencia.
Por eso mientras no se combata a fondo este problema, los ciudadanos seguirán presos de sus propios «representantes» populares, a quiénes solo les importa hacer negocios y convertirse en millonarios de la noche a la mañana, como ya lo son no pocos.
Ese es justamente el miedo de Claudia Sheinbaum para actuar, y del que Donald Trump la acusa, porque estaría yendo contra la propia estructura corrompida que la instaló en el poder. Sin embargo, si ella realmente se dice honesta y demócrata, aún tiene tiempo de demostrar que puede colaborar con Estados Unidos en el desmantelamiento real de la estructura narco-política criminal.
Eso es precisamente lo que Estados Unidos le ha venido ofreciendo a Sheinbaum pero que ahora le exige: colaboración policiaca y militar para ir conjuntamente a la raíz del problema: Los narco políticos. Y es que del ofrecimiento se ha pasado a la exigencia, luego a la advertencia, de ahí a la amenaza y, sin duda, en cualquier momento, a la intervención unilateral.
En pocas palabras, lo que Trump manifiesta , es que ya estuvo bueno de que le vean la cara, porque sus agencias de seguridad le han reportado, con santo y seña, quiénes realmente manejan los carteles en México, por municipios, estados y estructura federal. Nombres y apellidos de alcaldes, gobernadores, legisladores, funcionarios de todos los niveles, están documentados región por región.
Y Trump no se anda por las ramas porque es el nuevo dictador mundial que mueve los hilos a su capricho e interés. Es el capo de la nueva mafia mundial que, ya lo dijo, no respeta el derecho internacional y se pasa por el arco del triunfo los conceptos manejados a la conveniencia de las mafias locales: «Soberanía, no intervención, autodeterminación», preceptos que han servido para protegerse, no proteger al pueblo, como ocurrió en Venezuela.
Por supuesto, Trump no piensa en la gente en términos de protección social, sino en términos de negocios. Por eso dejó intacta la estructura dictatorial de Venezuela, mafia contra mafia, para arrebatarles todo lo que los «bolivarianos» le habían saqueado a ese país. El botín de guerra: ojo por ojo. O lo que es lo mismo: ladrón que roba a ladrón…quien sabe si tengan perdón pero, sin duda, se quedarán con todo. Con petróleo y con los 10 mil millones de dólares que el dictador, Nicolás Maduro, tiene depositados en Suiza.
Así es que, en el caso de México, estamos frente a un Trump que, como López Obrador lo dijo en su momento, se guiará por su concepción moral y bajo lo que él crea y piense, más allá del derecho internacional. «No me salgan con el cuento de que la ley es la ley». Tómala barbón de la 4T, que ahora la bola viene de regreso y a 100 millas por hora.
¿Se atreverá Claudia a ir contra los narco políticos, la mayoría de MORENA, para terminar con el terror que asola al pueblo de México? ¿Colaborará con Trump para sentirse apoyada y no sufrir las consecuencias de un atentado que vendría de los políticos involucrados con el narco, la mayoría alineados con López Obrador, y que todos los días le juegan las contras?
¿Vendrán los gringos por el que se refugia en La Chingada, y por sus incondicionales, bajo la lógica de que muerto el perro se acabó la rabia?
Ya veremos..Ya veremos…






























