En el corazón de Campeche, la comunidad de Pomuch, perteneciente al municipio de Hecelchakán, mantiene viva una tradición única que cada año atrae a visitantes nacionales e internacionales: la “limpieza de huesos”, conocida en lengua maya como Choo Ba’ak.
Con una población que apenas supera los 10 mil habitantes, Pomuch se convierte en un punto de encuentro entre la vida y la muerte durante los días previos al Día de Muertos. En el panteón municipal, familias enteras acuden con brochas, agua, escobas, pintura, flores y manteles bordados para asear los restos óseos de sus seres queridos, que reposan en osarios abiertos.
Según Rafael Paat Yah, encargado del cementerio, los cuerpos permanecen en bóveda entre tres y cinco años antes de ser trasladados a los osarios. “Quedan así como usted los ve, puro hueso, que aun así los familiares limpian cada que se aproxima el Día de Muertos”, explicó.
La práctica, lejos de ser macabra, representa un acto de amor y conexión espiritual. Emily Cruz Castillo, joven de 19 años, compartió que limpiar los restos de su abuelo —a quien nunca conoció— le permite sentir su presencia. “Así parece que siempre está entre nosotros”, expresó.
Doña Marbella, vestida con hipil y reboso, reafirma el sentido ritual de la costumbre: “Cada año vinimos a cambiar las ropas, hacemos su rosario; es la fiesta de las ánimas. Algunos abandonan sus huesos; pero, yo no, nosotros seguimos la tradición”.
La experiencia también impacta a los visitantes. Lileni del Carmen Pérez, turista, destacó el respeto con el que se vive la muerte en Pomuch. “La gente es muy amable y tiene mucho amor a lo que es la muerte, ellos creen que es un paso a la vida eterna”, comentó.
La “limpieza de huesos” en Pomuch es más que una costumbre: es una expresión profunda de identidad, memoria y vínculo familiar que trasciende generaciones, reafirmando el valor de las tradiciones vivas en el sureste mexicano.






























