El modo oscuro, una función cada vez más común en dispositivos móviles y plataformas digitales, ha ganado popularidad por su estética, ahorro de batería y supuesta protección visual. Sin embargo, especialistas advierten que sus beneficios para la salud ocular no son absolutos y dependen del contexto de uso.
Esta configuración invierte los colores tradicionales de las interfaces, mostrando texto claro sobre fondos oscuros. Está disponible en la mayoría de los sistemas operativos y aplicaciones, y suele preferirse en ambientes con poca luz por su menor brillo.
Estudios en ergonomía visual indican que el modo oscuro puede reducir la fatiga ocular en condiciones de baja iluminación. No obstante, en entornos bien iluminados, puede dificultar la lectura prolongada y generar mayor esfuerzo visual, especialmente en personas con astigmatismo.
Además, el modo oscuro no bloquea la luz azul, uno de los principales factores asociados a la alteración del sueño y la salud ocular. Para ello, se requieren filtros específicos o funciones integradas como el “modo noche” o el uso de lentes con filtro de luz azul.
En cuanto al descanso, si bien el modo oscuro puede contribuir a una menor estimulación lumínica antes de dormir, su efecto es limitado si no se acompaña de otras medidas, como reducir el tiempo frente a pantallas o ajustar el brillo.
Expertos concluyen que el modo oscuro puede ser una herramienta útil en ciertos escenarios, pero no sustituye prácticas recomendadas como hacer pausas visuales, adaptar el entorno de iluminación y utilizar filtros adecuados. Su uso debe formar parte de una estrategia integral de cuidado visual, no ser considerado una solución única.































