Por: Yuri Guzmán
El Día del Abuelo, celebrado cada 28 de agosto en México, nos invita a reflexionar sobre el papel fundamental que desempeñan los abuelos en nuestra sociedad y en nuestras vidas. Esta fecha no solo es una oportunidad para honrar a quienes nos criaron y transmitieron tradiciones, sino también para analizar la situación actual de los adultos mayores en nuestro país, sus desafíos y la responsabilidad que tenemos como nietos y sociedad en general.
México cuenta con una población de aproximadamente 16 millones de personas mayores de 60 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de 2020. De estos, cerca del 60% son abuelos y abuelas, quienes representan una parte esencial del tejido social y familiar.
Históricamente, en las culturas latinoamericanas, los abuelos han sido los guardianes de la historia familiar, los portadores de sabiduría y los pilares en la crianza de los nietos. En tiempos pasados, su función iba más allá del cuidado; eran los transmisores de valores, tradiciones y conocimientos ancestrales que fortalecían la identidad cultural.
En la actualidad, sin embargo, la situación de los abuelos en México presenta múltiples aristas. Por un lado, muchos disfrutan de una vejez activa, participando en actividades sociales, culturales y familiares. Por otro, una proporción significativa enfrenta condiciones de vulnerabilidad: pobreza, enfermedades crónicas, soledad y falta de acceso a servicios de salud adecuados. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2018, aproximadamente el 30% de los adultos mayores en México vive en condiciones de pobreza, lo que limita su calidad de vida y acceso a atención médica. Además, la pandemia de COVID-19 agravó su situación, evidenciando la fragilidad de sus redes de apoyo y la necesidad de políticas públicas más inclusivas.
El papel de los abuelos en la familia y en la sociedad no debe reducirse a su función biológica o económica. Son portadores de historias, tradiciones y valores que enriquecen la identidad familiar y cultural. La forma en que los valoramos, cuidamos y amamos refleja nuestra cultura y nuestra humanidad. Es fundamental que como sociedad reconozcamos su dignidad y derechos, promoviendo su bienestar y participación activa en la comunidad.
La responsabilidad de los nietos en este contexto es crucial. La relación intergeneracional debe basarse en el respeto, el cariño y la empatía. Los nietos tienen la oportunidad y el deber de devolver a los abuelos parte del amor y cuidado que recibieron. Esto implica no solo visitas y atención física, sino también valorar sus opiniones, escuchar sus historias y apoyarlos en sus necesidades. La solidaridad intergeneracional fortalece los lazos familiares y contribuye a una sociedad más justa y compasiva.
El Día del Abuelo nos recuerda que los adultos mayores son un patrimonio invaluable que debemos proteger y valorar. La historia y las estadísticas muestran que, aunque muchos disfrutan de una vejez digna, otros enfrentan desafíos que requieren atención urgente. Como sociedad, debemos asumir la responsabilidad de cuidar a nuestros abuelos, no solo en fechas específicas, sino cada día, promoviendo una cultura de respeto, amor y solidaridad que honre su legado y garantice su bienestar. Ellos merecen el amor y la atención integral que les hemos negado. Solo así construiremos un México más justo y humano, donde la vejez sea vista como una etapa de dignidad y plenitud.






























