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Libertad de expresión ¿Se vale denostar, mentir e injuriar?

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Por: José Francisco Castillo Madrigal

Se trata de uno de los derechos fundamentales más valorados. También se convierte en el mejor pretexto, cuando se expresa algo en público. Se dice que es elemento básico de las sociedades democráticas. La libertad de expresión permite a los individuos expresarse libremente, debatir ideas y participar en la vida pública sin temor a represalias.

Sin embargo, lo que muchos no entienden es que, como cualquier otro derecho, la libertad de expresión tiene límites, especialmente cuando se trata de denostar, mentir o injuriar a otros.

Desde un punto de vista ético, la libertad de expresión debe ejercerse con responsabilidad. Si bien todos tienen el derecho a expresar sus opiniones y sentimientos, este derecho no debe usarse para causar daño a otros. Denostar, mentir e injuriar no solo son actos inmorales, sino que también pueden tener consecuencias devastadoras para las víctimas, afectando su reputación, salud mental y bienestar general. En una sociedad ética, la libertad de expresión debe equilibrarse con el respeto hacia los demás y, principalmente, la verdad.

Pero si las cuestiones éticas resultan insuficientes, debemos recordar que el derecho a la libertad de expresión está protegido por diversos instrumentos nacionales e internacionales. Por ejemplo, el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión». Sin embargo, este derecho no es absoluto. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su Artículo 19.3, establece que la libertad de expresión puede estar sujeta a restricciones para proteger los derechos o la reputación de otros, la seguridad nacional, el orden público o la salud y moral públicas.

En nuestro país, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos protege la libertad de expresión en su Artículo 6, pero también establece que «la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de terceros, provoque algún delito o perturbe el orden público».

Denostar, mentir e injuriar, algo tan común en nuestros días, puede considerarse por lo menos, como un abuso de la libertad de expresión. Estos actos pueden dar lugar a acciones legales, como demandas por difamación, calumnia o injuria. En muchos países, las leyes contra la difamación permiten a las víctimas buscar reparación y proteger su reputación. Por ejemplo, en México, el Código Civil del Distrito Federal habla en su Artículo 1916 del daño moral, entendido éste como la afectación que una persona sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada, configuración y aspectos físicos, o bien en la consideración que de sí misma tienen los demás. Refiere que «el que comete el delito de difamación está obligado a reparar el daño moral causado».

La libertad de expresión, entonces, es un derecho fundamental que debe ser protegido y promovido. Sin embargo, este derecho no es una licencia para denostar, mentir o injuriar a otros. La ética y las leyes establecen límites claros para garantizar que la libertad de expresión no se utilice para causar daño. Es responsabilidad de cada individuo ejercer este derecho con respeto y responsabilidad, contribuyendo así a una sociedad más justa y equitativa.

Te lo digo Juan, para que entiendas Pedro. Hasta la próxima.

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