El Congreso de la Unión aprobó una Ley de Ingresos para 2026 que contempla un monto récord de 10.2 billones de pesos, cifra 5.9% por encima de la inflación esperada y la más alta desde que se tiene registro. Sin embargo, el 14.4% de esos recursos provendrá de financiamiento, lo que refleja una creciente dependencia de la deuda pública para cubrir el gasto federal.
La estructura de ingresos se divide en tres grandes componentes: el 63.3% corresponde a ingresos del gobierno federal, el 22.3% a organismos y empresas, y el restante 14.4% a recursos derivados de financiamiento. Este último rubro ha ganado peso desde 2021, en contraste con el periodo 2004–2008, cuando representaba apenas el 1.5% gracias a ingresos petroleros extraordinarios. Al cierre de 2024, los ingresos petroleros cayeron al 12.8%, el nivel más bajo desde 1990.
Los impuestos siguen siendo el pilar de la recaudación, con el ISR y el IVA como principales fuentes. El padrón de contribuyentes creció de 71.8 a 86.9 millones entre 2018 y 2024, aunque se prevé una desaceleración en ese ritmo. Por su parte, el IVA enfrenta presiones por el bajo dinamismo económico, lo que ha llevado al gobierno a apostar por los impuestos especiales (IEPS) sobre productos como combustibles, bebidas alcohólicas, tabacos y telecomunicaciones.
La estimación de ingresos es clave para definir el Presupuesto de Egresos de la Federación, que deberá aprobarse en los próximos días. Entre los proyectos prioritarios destacan obras de infraestructura y apoyos sociales, como la pensión para adultos mayores, que por sí sola requerirá más de 526 mil millones de pesos. En total, los programas sociales y de inversión suman cerca de un billón de pesos, lo que subraya la necesidad de asegurar fuentes de financiamiento sostenibles.





























