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GP México, McLaren contra Verstappen. Cerró la batalla por el título

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Por: Manuel Gutiérrez

Para los que esperaban abucheos a Max Verstappen, por la salida de Sergio “Checo” Pérez, de la escudería de Red Bull, la realidad es que el neerlandés es un ídolo genuino por su intento-hazaña de dar la vuelta al tornillo completo de la Fórmula Uno y será visto como un heredero del brasileño Ayrton Senna o del alemán Michael Schumacher, como un grande fuera de serie.

La batalla por el título de pilotos de la temporada 2025, no se resolvió con el Gran Premio de México. Aunque los resultados muestran las posibilidades matemáticas, haciendo de gran interés las 4 carreras o fechas restantes, porque ahí se definirá el campeonato de pilotos.

En el décimo aniversario de la carrera mexicana, en su tercer ciclo de la historia, la bandera a cuadros se la llevó el británico Landon Norris (McLaren), que además tomó la cima de la clasificación (357 puntos), un punto arriba de su coequipero el australiano Oscar Piastri (356), que llegó en el quinto sitio.

El segundo sitio, fue para el auto de la escudería italiana Ferrari, bajo la conducción de Charles Leclerc. El sitio tres del podio de vencedores fue para Verstappen. McLaren en México jugó sus cartas con Norris y Piastri, buscando concentrarse en una sola cosa, no en apabullar, no en ganar, solo en lograr puntos. Es decir, coronarse en forma ratonera, no arriesgando a tener un percance por asegurarse una victoria. La carrera de Austin (Texas, EU) les dejó mal recuerdo y no olviden Zak Brown, como Ron Dennis, no son mariscales de campo confiables.

El tetracampeón del mundo, Marx Emilian Verstappen, de 28 años, por su parte, quiere coronarse en 2025 por la vía de la grandeza, ganando carreras de principio a fin como lo hizo en los cuatro años anteriores.

La escudería de McLaren trajo a México al piloto mexicano del Serial Indy Car, Patricio “Pato” O ‘Ward para hacer prácticas con el equipo, ganando simpatías y mitigando el litigio con el español Alex Palou, el cuatro veces campeón de la INDY estadounidense, con el equipo de Chip Gannasi, por 20 millones de dólares, pero en condiciones desventajosas pasaban a perjudicar al piloto español, dejándolo por debajo del Pato, que gana 10 millones de dólares por temporada y es reserva de McLaren en la F-1,  una vez que no le cumplieron y le dieron el lugar prometido a Piastri, el ganón fue el Pato, de la turbulencia desatada por el campeón español.

Checo Pérez, aunque no corrió, lo hizo por afuera de la pista, sumando contactos, fortaleciendo su imagen, sumando patrocinadores que nunca le vienen mal a un piloto. La presencia de la nueva escudería estadounidense de Cadillac, se hizo visible por todas partes, previo a la carrera mexicana, como el piloto tapatío cuya faceta de empresario no es tan conocida, pero si reconocida en la categoría y ya lanzó sus garritas de estilo boutique, la checo moda.

La gran derrama deportiva para la CDMX por la carrera generó durante el fin de semana 20 mil millones de pesos de ingresos en hotelería, consumos, transportes. Demasiado para que ponerse moños de que es evento fifí y por ello el poder oficial, terminó por aceptarla. 

Incluso los notables de la 4T se dejaron ver con sus trajes Hermes, elegantes o casuales en la pista, porque están los que deben de ser vistos, están todos los que quieren que los vean. Eso propicia un raro disturbio en la F-1, que es más feria de vanidades, que Gran Premio, aunque lo deportivo la verdad está en la pista en forma indubitable. Los mexicanos que saben del tema y fueron a las gradas, aplaudieron a los pilotos.

Un GP caro para los asiduos, dado que es más barato en el norte o en Europa para asistir a la F-1.  Pero necesario localmente, entre tantas desgracias y vicisitudes. Un deporte que se hermanó con Televisa-Univisión, dejando de lado a Fox para su difusión y aprovechamiento. Por ahora los que no han contratado se ven marginados.

Una historia repetida de un gran escenario mundial, tanto como la Copa Mundial de futbol, en que la promoción internacional de imagen, de turismo, de que estamos mejor o menos mal de lo que pensamos, porque se trata del México de la clase media alta en adelante, que puede darse ese lujo. Es otro México, no el de las masas populares, aunque estarán en los festejos en las plazas y en las demostraciones públicas, como lo hizo Sergio Pérez en Paseo de la Reforma o en la Glorieta de La Minerva.

Los festejos, desfiles y eventos colaterales, colmaron el ambiente festivo que distingue a este GP como el mejor cada año. Los árabes o asiáticos no lo gozan igual. El estilo y sabor mexicano lo hacen especial, inolvidable. Los pobres pilotos vienen a sufrir, a jugársela, en un marco de alegría mexicana.

Un deporte llevado al máximo, al extremo, con una buena pista pensada en el público, más que en performance, que eso era en el otro circuito. Es una pista no tan rápida, pero con espacios para tomar alternativas y un público que hace fiesta al paso de cada auto, incluso aunque no lo sepa o lo perciba un piloto. La fiesta sigue sin purismos, sin tecnicismos, y eso encanta al pueblo bueno y sabio, decía el ex presidente Andrés Manuel López Obrador y vaya que sabía manipular como pocos, todavía ahora, pero no fue.

El duelo de Red Bull con McLaren, salvó de la monotonía la F-1, en que todo en ocasiones parece estar predeterminado, y eso hizo que Max se convirtiera en más campeón que nunca, en noticia mundial de quien, en las ruinas de su equipo Toro Rojo, devastado por las fugas, los egos, los pleitos y fisuras, se renace como ave fénix y plantea un reto diferente a los ganadores, que estaban solo pensando en cómo hacer ganar a Lando Norris pero hoy todo es incertidumbre.

Luego las demás escuderías vienen por lo suyo, a Ferrari le sienta bien México, como a Mercedes, y las escuderías y sus astros, dan todo en cada cita, por lo que el evento como deporte es un acontecimiento mundial. Los números proyectarán a corto plazo, quién ceñirá la corona, el camino para el trono, ha valido la pena, llegue el que llegue y más si es Max, porque le dio emoción a la categoría, en la parte final de la temporada.

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