Inicio COLUMNAS El río del olvido: Lerma, millones y promesas que se secan

El río del olvido: Lerma, millones y promesas que se secan

13
0

Por: Carlos E. Martínez Villaseñor

El río Lerma es más que un cuerpo de agua: es testigo y víctima de décadas de abandono, simulaciones, recursos millonarios y discursos huecos. Desde hace más de 30 años, el saneamiento de este río ha sido una promesa constante en cada sexenio en Jalisco, pero la realidad sigue siendo alarmante. Las cifras se repiten, las noticias regresan cada año con titulares parecidos, los funcionarios cambian… pero el agua permanece sucia, el aire apesta y la salud pública se deteriora.

Los gobiernos estatales han destinado miles de millones de pesos a lo largo del tiempo para “recuperar” el Lerma. Cuando Aristóteles Sandoval fue gobernador, se anunciaron obras por más de 1,800 millones de pesos, con plantas de tratamiento que hoy están fuera de operación o simplemente no lograron impactar de manera estructural. Las auditorías públicas siguen sin esclarecer la verdadera eficiencia de ese gasto.

Posteriormente, con Enrique Alfaro, se presentó el proyecto “Revivamos el Río Santiago”, que también abarcaba parte del Lerma. Durante su sexenio, se declaró una inversión superior a los 3,300 millones de pesos, según el propio exgobernador, destinados a colectores, plantas tratadoras y limpieza de cauces. No obstante, un reporte actualizado del medio LABCsa indica que la suma total destinada al saneamiento de la cuenca Santiago–Lerma llegó a ser de hasta 7,333 millones de pesos, si se suman los recursos federales y estatales ejercidos en ese periodo.

A pesar de estas cifras, los estudios técnicos más recientes siguen señalando al Lerma como un río altamente contaminado. Se detectan niveles excesivos de metales pesados, residuos industriales, aguas negras domésticas y químicos que provienen, entre otros, del corredor agroindustrial del Bajío. Es decir, se invierte mucho, pero el problema sigue siendo sistémico, estructural, y, sobre todo, impune.

El actual gobierno estatal encabezado por Pablo Lemus ha retomado el tema como una de sus banderas ambientales. Su administración ha anunciado un plan de saneamiento con una inversión proyectada de 2,295 millones de pesos, enfocados nuevamente en infraestructura para tratamiento de aguas y obras hidráulicas. Además, se prevé que el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 contemple 1,347 millones de pesos adicionales para esta misma causa. Pero, de nuevo, nos enfrentamos al dilema de siempre: ¿servirá de algo si no se fiscaliza el gasto? ¿Se volverá a invertir sin antes auditar lo ya invertido?

La pregunta clave sigue siendo: ¿dónde están los resultados? ¿Dónde están los diagnósticos técnicos que evalúan el antes y el después? ¿Dónde están las plantas operando al 100%? ¿Por qué las comunidades que viven a orillas del Lerma siguen reportando enfermedades, malos olores y contaminación visible? ¿Quién se hace responsable por la simulación que ha durado décadas?

El caso del Lerma no es sólo un problema ambiental. Es un retrato de cómo operan muchos proyectos en Jalisco: con más énfasis en el anuncio que en la ejecución. Sin rendición de cuentas real, sin mecanismos de revisión transversales, sin castigos a quienes han hecho negocios a costa de la salud pública.

Las instituciones encargadas de supervisar el uso del recurso público —la Contraloría estatal, la Auditoría Superior, la Fiscalía Anticorrupción— han permanecido mudas, ciegas o simplemente ausentes. ¿Cuántos funcionarios han sido llamados a declarar por obras inútiles, mal ejecutadas o sin resultados? ¿Dónde están las sanciones a quienes vendieron plantas inservibles, a quienes inflaron costos o dejaron inconclusas las obras hidráulicas?

El problema es que, mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando. Y el río sigue contaminado.

Este año se cumplen más de cinco sexenios de anuncios, presupuestos y promesas. Pero el agua sigue sin ser clara, el aire sigue contaminado y el daño ambiental sigue creciendo. No basta con seguir invirtiendo si no hay una estrategia integral que incluya no sólo infraestructura, sino también educación ambiental, regulación a industrias, cierre de tiraderos clandestinos y control real sobre el uso de agroquímicos.

La limpieza del Lerma no debe ser el negocio de cada sexenio. Tiene que ser una prioridad con rostro humano. Porque cuando un río muere, no muere solo el ecosistema: también mueren los derechos, las esperanzas y las vidas de quienes viven a su lado.

Ya no se trata de invertir más, sino de hacer que por fin funcione lo que durante años se ha prometido. Porque si no, lo único que seguiremos limpiando… es la memoria.

Recibe las últimas noticias y mantente siempre informado en nuestro canal de WhatsApp y Telegram