El contaminante que evade el sistema inmune se llama partículas suspendidas

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    Durante la respiración, las partículas suspendidas pueden evadir las defensas naturales, alojarse en los pulmones por mucho tiempo e incluso disolverse y entrar al torrente sanguíneo, lo que lo convierte en uno de los contaminantes del aire más peligrosos para la salud.

    El Sistema de Monitoreo Atmosférico explica que las partículas suspendidas son cualquier material sólido o líquido capaz de permanecer en suspensión en el aire ambiente y tienen un tamaño comprendido entre algunas fracciones de milímetro hasta millonésimas de milímetro (nanómetros).

    Al medir la contaminación del aire se habla de partículas menores a 10 micrómetros (PM10) tan pequeñas que en el grosor de un cabello cabrían más de cinco partículas una tras otra y las menores a 2.5 micrómetros (PM2.5), de las cuales habría al menos 20 en el mismo cabello.

    Las partículas tienen cualquier forma y tamaño, las hay esféricas, cúbicas, fibrosas, escamosas, irregulares, también pueden ser líquidas, como el vapor que se desprende al bañarse o sólidas, como las que arrojan los camiones por sus escapes.

    Aunque esas sustancias siempre están presentes, al incrementarse su concentración en el aire pueden dañar la salud, sobre todo aquellas que no se pueden ver a simple vista, como las que se encuentran en el humo del cigarro, ya que no se depositan fácilmente, flotan y viajan libremente en el aire.

    Grandes o pequeñas, las partículas provienen del humo de los camiones y las fábricas, de los incendios, del polen de las plantas, de las esporas de los hongos, de la piel que se desprende del cuerpo, de las heces fecales, de óxidos o herrumbres pulverizados, de algunos materiales y residuos de la fundición de metales como el hierro y otras se forman a través de reacciones químicas en el aire.

     

    Cuando no hay suficiente viento, quedan suspendidas sobre la ciudad y se forma una nube casi permanente en el paisaje citadino que impide ver bien los objetos, incluso las montañas o edificios a cierta distancia.

    La falta de lluvia, el cielo despejado, la disminución de la temperatura junto con el incremento de la actividad en la urbe contribuyen al aumento de este contaminante entre noviembre y febrero.

    Ese periodo se conoce como la temporada de contaminación por partículas, debido al notable incremento en la concentración de este contaminante, principalmente por las mañanas, entre las 5:00 y 12:00 horas.

    El viernes y el sábado son los días con las mayores concentraciones de partículas suspendidas por el aumento en la actividad nocturna de los habitantes de la ciudad.

    Diariamente, una persona respira entre cinco y ocho litros de aire por minuto, al inhalar se aspira cualquier partícula que este flotando en el ambiente y viaja al sistema respiratorio.

    En su camino, las partículas grandes se adhieren a tu nariz y garganta mientras las pequeñas viajan profundamente y se depositan en los bronquios y pulmones.

    La reacción del organismo contra estas partículas y sus componentes se manifiesta de manera inicial con resequedad, irritación, incremento en las secreciones, tos o dificultad para respirar y reacciones al sistema inmunológico.

    El organismo produce moco para atrapar polvo, virus o bacterias, y así evitar que entren a nuestros órganos o se alojen en nuestro sistema respiratorio, la mucosidad forma parte de las estrategias de defensa del cuerpo, pero producirla permanentemente tiene que ver con la mala calidad de aire que respiramos.

     

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