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Día Mundial del Corazón: conciencia personal y un sistema de salud pública con arritmias

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Por: Yuri Guzmán

Cada 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón invita a reflexionar sobre la salud cardiovascular, pero en México y particularmente en Jalisco, esta efeméride debería ser un llamado urgente a la acción. Las enfermedades cardiovasculares (ECV) no solo encabezan las causas de muerte en el país, sino que lo hacen con cifras alarmantes: en 2021, se registraron aproximadamente 220 mil defunciones por estos padecimientos, siendo el infarto al miocardio y las enfermedades isquémicas del corazón las más comunes.

La estadística no es nueva, pero sí persistente. Cada año se suman cerca de 75 mil nuevos casos de insuficiencia cardíaca en México, lo que revela que los esfuerzos de prevención y atención siguen siendo insuficientes. En Jalisco, aunque no se cuenta con cifras desagregadas recientes, la tendencia nacional se replica con preocupante similitud, sobre todo en zonas urbanas donde el sedentarismo, la alimentación procesada y el estrés crónico son parte del paisaje cotidiano.

Los factores de riesgo están bien identificados: diabetes mellitus mal controlada, hipertensión arterial, colesterol elevado y tabaquismo. México presenta una alta prevalencia de dislipidemias, con niveles bajos de colesterol HDL (el “bueno”) y altos de triglicéridos, lo que incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) ha documentado que más del 50% de los adultos mexicanos tienen sobrepeso u obesidad, y que uno de cada tres vive con hipertensión, muchas veces sin saberlo.

Pero si el diagnóstico está claro, ¿por qué no mejora el pronóstico? Aquí es donde la crítica se vuelve necesaria. Las campañas de prevención suelen ser esporádicas, poco integradas y con escasa continuidad. El sistema de salud enfrenta limitaciones estructurales para garantizar seguimiento médico, acceso a medicamentos y educación para el autocuidado. Además, el enfoque institucional tiende a ser reactivo: se atiende la emergencia, pero no se invierte lo suficiente en evitarla.

Por otro lado, la responsabilidad individual tampoco puede dejarse de lado. El cambio de hábitos —como dejar de fumar, mejorar la alimentación y realizar actividad física— es una tarea que requiere voluntad, pero también condiciones sociales que lo faciliten. ¿Cómo pedirle a una familia que consuma frutas y verduras si su entorno inmediato está saturado de comida ultraprocesada? ¿Cómo promover el ejercicio si los espacios públicos son inseguros o inexistentes?

En este Día Mundial del Corazón, la objetividad exige reconocer todas las aristas: la urgencia médica, la responsabilidad institucional, la dimensión social y el papel del individuo. La prevención cardiovascular no puede depender únicamente de fechas conmemorativas ni de mensajes aislados. Requiere políticas públicas sostenidas, atención primaria fortalecida, entornos saludables y una ciudadanía informada.

La salud del corazón es, en última instancia, un reflejo del estado del sistema: si el corazón de México late con dificultad, es porque algo más profundo necesita atención. Y no hay mejor momento que hoy para empezar a corregir el rumbo.

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