La suspensión de los servicios de fibra óptica en cinco provincias del norte de Afganistán ha afectado gravemente a cientos de mujeres que dependen de la conectividad para sostener sus negocios y continuar sus estudios. Autoridades locales confirmaron la medida en Balj, Kunduz, Badajshán, Tajar y Baglán, argumentando que busca prevenir “actividades inmorales”.
El corte, el primero de gran escala desde que los talibanes retomaron el poder en 2021, ha generado preocupación entre emprendedoras como Sabrinna Hayat, quien dirige un taller de bordado en Kandahar. Su grupo, conformado por nueve mujeres, ha visto triplicarse los costos de conexión al tener que recurrir a paquetes móviles para mantener contacto con sus clientes nacionales e internacionales.
En otras regiones como Herat y Parván también se han reportado interrupciones, aunque sin confirmación oficial. El Ministerio de Comunicaciones en Kabul no ha emitido comentarios al respecto.
La medida ha impactado no solo a negocios locales, sino también a estudiantes, especialmente mujeres, que ya enfrentaban restricciones para acceder a la educación formal. En Kandahar, la sastra Dawrani relató que sus hijas han perdido acceso a clases de inglés en línea, mientras su taller, que emplea a viudas y mujeres vulnerables, ha visto caer sus ventas.
Expertos en derechos digitales señalan que la prohibición responde más a una estrategia de control que a preocupaciones morales. El académico Obaidullah Baheer advirtió que esta acción se suma a otras restricciones impuestas bajo argumentos similares, sin que las promesas de reforma se hayan concretado.
Mientras tanto, muchas mujeres enfrentan el riesgo de perder su única fuente de ingresos, en un país donde la conectividad representa una vía de subsistencia y educación frente a un entorno cada vez más restrictivo.





























