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Cáncer de mama: entre la conciencia, la desigualdad y el reto estructural

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Por: Yuri Guzmán

Octubre se tiñe de rosa, pero el cáncer de mama exige mucho más que un color. En el Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, la campaña global impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca visibilizar una enfermedad que, pese a los avances médicos, sigue cobrando miles de vidas cada año. El 19 de octubre, Día Mundial contra el Cáncer de Mama, no solo es una fecha para conmemorar, sino para cuestionar: ¿estamos haciendo lo suficiente?

Según cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México se registraron 8 mil 34 muertes por cáncer de mama en 2023, entre mujeres de 20 años y más, lo que representa el 9% de todas las defunciones por tumores malignos en ese grupo poblacional. La tasa nacional de mortalidad fue de 17.9 por cada 100 mil mujeres, con Sonora (27.5) y Chihuahua (25.2) como las entidades más afectadas, mientras que Campeche (9.9) y Guerrero (11.0) presentaron las tasas más bajas. A nivel mundial, la OMS estima que más de 2.3 millones de mujeres son diagnosticadas cada año, y que el cáncer de mama es la principal causa de muerte por cáncer en mujeres.

La estadística es contundente, pero no suficiente. La detección temprana —mediante autoexploración, examen clínico anual y mastografía— es clave para aumentar las posibilidades de cura. Sin embargo, el acceso a estos servicios sigue siendo desigual. En México, solo el 51.5% de las mujeres de 50 a 59 años reportó haberse realizado una mamografía en 2021. ¿Qué ocurre con el resto? Factores como la falta de información, el miedo, el estigma y la precariedad del sistema de salud impiden que muchas mujeres accedan a diagnósticos oportunos.

Además, la medicalización del discurso sobre el cáncer de mama ha invisibilizado otras dimensiones del problema. El tratamiento no solo implica quimioterapia o cirugía, sino también cuidados paliativos, acompañamiento emocional y reintegración social. En zonas rurales o marginadas, estos servicios son prácticamente inexistentes. La lucha contra el cáncer de mama no puede limitarse a campañas de sensibilización; requiere políticas públicas integrales, presupuesto sostenido y voluntad política.

También es necesario cuestionar el enfoque comercial que ha permeado esta causa. El “pinkwashing” —uso del color rosa con fines publicitarios— ha convertido la lucha contra el cáncer en una estrategia de marketing para muchas marcas, diluyendo el mensaje original. ¿Cuántas de esas campañas realmente destinan recursos a investigación, atención médica o apoyo a pacientes?

Por otro lado, el cáncer de mama no es exclusivo de mujeres. Aunque representa solo el 0.5% de los casos en hombres en México, su diagnóstico suele ser más tardío, y el estigma aún mayor. La inclusión de hombres en las campañas de prevención es un pendiente que no debe ignorarse.

En suma, el cáncer de mama es un problema de salud pública, pero también de justicia social. Octubre debe ser un mes de reflexión crítica, no solo de sensibilización. Porque detrás de cada cifra hay una historia, y detrás de cada historia, una vida que merece ser cuidada con dignidad, equidad y compromiso real.

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