Estados Unidos concluyó el año con un desempeño económico estable, marcado por un crecimiento moderado impulsado principalmente por el consumo interno y la inversión privada, de acuerdo con información del Departamento de Comercio. Pese a un entorno internacional complejo, la actividad económica mantuvo un ritmo sostenido que permitió al país cerrar el ciclo con indicadores favorables en sectores clave.
El mercado laboral se mantuvo como uno de los pilares de la estabilidad económica, con una tasa de desempleo cercana al 4%, nivel considerado saludable por analistas y consistente con un entorno de empleo robusto. La creación de puestos de trabajo y la demanda de mano de obra continuaron mostrando resiliencia, aun cuando algunos sectores experimentaron ajustes derivados de la desaceleración global.
Especialistas consultados señalaron que la política monetaria restrictiva aplicada por el Banco de la Reserva Federal jugó un papel determinante en la contención de la inflación, que había alcanzado niveles elevados en periodos recientes. El incremento en las tasas de interés contribuyó a moderar el consumo y equilibrar la demanda, aunque también generó presiones en sectores sensibles al crédito, como vivienda y manufactura.
A pesar de los avances en materia inflacionaria, los analistas advirtieron que persisten riesgos que podrían influir en el desempeño económico durante el próximo año. Entre ellos destacan las tensiones geopolíticas, la volatilidad en los mercados energéticos y la desaceleración de economías clave, factores que podrían afectar el comercio internacional y la inversión.
El Departamento de Comercio indicó que, aunque el crecimiento no alcanzó los niveles observados en años de fuerte expansión, el balance general es positivo y refleja la capacidad de adaptación del mercado estadounidense ante un entorno global incierto. La combinación de consumo sólido, inversión estable y un mercado laboral resistente permitió amortiguar los efectos de la inflación y mantener la actividad económica en terreno favorable.
De cara al nuevo año, los analistas prevén que la evolución de la política monetaria será determinante para el rumbo económico. Si la inflación continúa cediendo, la Reserva Federal podría ajustar gradualmente su postura, lo que daría mayor margen a sectores productivos y al consumo interno. Sin embargo, advierten que el escenario dependerá en gran medida de la estabilidad internacional y del comportamiento de los mercados financieros.





























