Una abogada en Nueva York presentó una demanda contra el Servicio de Impuestos Internos (IRS) para que los gastos de su perro sean deducibles como si se tratara de un dependiente. Amanda S. Reynolds argumenta que su golden retriever, Finnegan Mary Reynolds, cumple con todos los requisitos de dependencia establecidos en el Código de Rentas Internas, salvo por el hecho de no ser humano.
Reynolds sostiene que el animal depende de ella para alimentación, alojamiento, atención veterinaria y otras necesidades básicas, con gastos anuales superiores a los cinco mil dólares. En su escrito, afirma que “a todos los efectos, Finnegan es como una hija y, sin duda, una persona dependiente”.
El caso se enmarca en un contexto de creciente “humanización” de las mascotas en Estados Unidos, donde encuestas señalan que la mayoría de los dueños las consideran parte de la familia. Sin embargo, el tribunal federal aún no ha entrado al fondo del asunto. El juez James M. Wicks ordenó suspender el intercambio de pruebas mientras el IRS prepara una moción de desestimación, al considerar que la demanda enfrenta obstáculos legales y procesales.
Actualmente, la normativa fiscal estadounidense no contempla a los animales de compañía como dependientes, aunque sí permite deducciones en casos específicos, como el uso de perros guía o animales de asistencia para personas con discapacidad. En paralelo, iniciativas legislativas como el “PAW Act of 2025” buscan aliviar los costos veterinarios sin modificar la definición de dependiente.
Por ahora, el proceso permanece detenido y se espera que el tribunal decida si el caso puede avanzar o si será desechado en las próximas etapas.































